Hoy, como todos los días, para volver a casa desde la Universidad he subido en mi gran amigo el Circular1. Tras la media hora más aburrida del día y después de haber superado los torturantes baches de la estación y soportado la irritante voz que anuncia cada parada, me he levantado de mi sitio con intención de bajar en la siguiente parada y al hacerlo, una señora mayor me ha dado las gracias pensando que le estaba cediendo el asiento.
No es que sea una mala persona, ni si quiera una mala ciudadana, más bien todo lo contrario. Seguramente, le habría dejado el asiento con gusto aunque no hubiera tenido que bajar ahí, pero en ese momento me he sentido rastrera y miserable al contestar un "de nada" vacío y sin sentido. No sólo por no haberme levantado con buena intención, sino por no haberme dado cuenta de que la pobre señora estaba ahí de pie por ir absorta mirando estupideces en el maldito móvil.
Y todo esto me lleva a plantearme la mierda de sociedad en la que vivo, individualista y egocéntrica en la que cada cual pasa a su bola, intentando no llamar excesivamente la atención y tratando de molestar lo menos posible al prójimo La tecnología está bien, pero a veces es demasiado. A veces echo de menos esos días en los que me quejaba de tener que soportar las conversaciones de las marujas de al lado, los lloros de los niños pequeños y la charlatanería insulsa de los adolescentes que están en plenos sweet sixteen.
Pero por lo menos todo eso eran signos de vida, signos de mundo y de que yo formaba parte de él. Ahora no lo sufro, pero me apena. Sí, sé que está en mi mano y que es tan fácil como dejar el móvil en el bolsillo, pero es una droga dura y cuesta contener el vicio, así que exprimo mi paradoja por escrito mientras nada cambia.
Y escribo todo esto via Blogger for Android, since un asiento del Circular2. Olé.
Y todo esto me lleva a plantearme la mierda de sociedad en la que vivo, individualista y egocéntrica en la que cada cual pasa a su bola, intentando no llamar excesivamente la atención y tratando de molestar lo menos posible al prójimo La tecnología está bien, pero a veces es demasiado. A veces echo de menos esos días en los que me quejaba de tener que soportar las conversaciones de las marujas de al lado, los lloros de los niños pequeños y la charlatanería insulsa de los adolescentes que están en plenos sweet sixteen.
Pero por lo menos todo eso eran signos de vida, signos de mundo y de que yo formaba parte de él. Ahora no lo sufro, pero me apena. Sí, sé que está en mi mano y que es tan fácil como dejar el móvil en el bolsillo, pero es una droga dura y cuesta contener el vicio, así que exprimo mi paradoja por escrito mientras nada cambia.
Y escribo todo esto via Blogger for Android, since un asiento del Circular2. Olé.
Bueno, a veces viene bien dejar de lado el móvil para disfrutar un poco de la vida. A mí me parece triste cuando, por ejemplo, me subo al ascensor con un vecino y nos pegamos todo el rato con el móvil cada uno a lo suyo. Vale, quizá lo hacemos para evitar el incómodo momento de noséquédeciraversibajasya, pero es triste igual.
ResponderEliminarYo muchas veces no me doy cuenta de que hay señoras mayores o gente que necesita el asiento, incluso sin móvil, porque soy una empanada y luego me doy cuenta y me siento mal.