lunes, 29 de abril de 2013

La paciencia es la madre de la ¿QUEEEEE?

Decía Edison que "No fracasó, sólo descubrió 999 maneras de como no hacer una bombilla." Pues yo lo admiro sinceramente. Ojalá encuentre pronto algo que me motive tanto como para seguir intentándolo a pesar de que no me salga bien a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera, ni a la 999. 

Pero no, yo no soy así. Yo me obsesiono con las cosas nuevas hasta límites insospechados; me ilusiono cuando veo proyectos por Internet y me frustro cuando no me salen a la primera. No pasa nada, ya estoy acostumbrada, el berrinche se me pasa pronto, concretamente en cuanto me ilusiono con una nueva tontería que empezar.

Puede que no descubra 999 formas de no hacer algo, pero descubriré 999 cosas distintas que no sé hacer y al final, al llegar a la número 1000, una que sí. Ya lo dice el refrán, todos los caminos llevan a Roma.














PD: iba a poner miles de fotos ejemplificadoras, pero al final he decidido que ya hago bastante el ridículo en situaciones públicas como para humillarme en mi propio blog.

viernes, 19 de abril de 2013

Escondite emocional

Hoy no tengo valor para dar la cara. 
Me apetece jugar al escondite, pero no quiero seguir las reglas básicas, hoy prefiero improvisar. 
Iré más allá de los límites de lo absurdo; dejaré que se desdibujen en mi mente, para poder entrar en un mundo paralelo en el que no existan los prejuicios. Abriré las puertas de mi subconsciente y empezaré a jugar al escondite emocional. Me ocultaré entre la risa y el llanto, allí donde vive el amor.
Saldré de mí misma un rato, no sera demasiado largo. 
Dejaré por un instante que sea mi alma quien piense por mí.


sábado, 13 de abril de 2013

Peligro, palabras.

Yo; que siempre he huido, que nunca lo he buscado, que siempre he tenido miedo y me he escondido bajo un caparazón de insensibilidad. Yo; que nunca he creído, que siempre he renegado, que nunca me he atrevido. YO. SIEMPRE. NUNCA.

Hay palabras demasiado peligrosas, demasiado profundas, demasiado irreales. Tan utópicas e imposibles que son las únicas que merecen la pena. Un todo y un nada. Un siempre y un nunca. Un y un no. Tan antagónicas que pueden llegar a significar lo mismo, tan fuera de mí y a la vez tan mías que ni si quiera las sé utilizar, por eso las evito, las rehuyo, las tacho de inalcanzables, a pesar de que sé que son el único motor que me guía.