viernes, 27 de noviembre de 2015

Sinestesias sin anestesia.

Intento mirar por la ventana y sólo veo el sabor amargo del invierno a través del cristal. Huelo el frío que se respira en la calle; escucho el repiqueteo de mi reflejo y noto el regusto agridulce de las tenues voces que se oyen a lo lejos. Un escalofrío con olor a lumbre me recorre de arriba abajo. Una enfermiza sinestesia me posee hasta hacerme gritar en silencio, para que solamente puedan verlo quienes pretenden esnifar el sabor de la melancolía. Y mientras tanto tú, desde la distancia, murmuras dulces palabras que consiguen calmar el desequilibrio producido por la heladora imagen de llegar a olvidar tu olor.



sábado, 23 de mayo de 2015

Gracias y desgracias (más bien solo desgracias) en Eslovenia

Llevaba dos días lloviendo. Sin parar, ni si quiera un respiro. A eso de las ocho ha salido un rayo de sol y yo en un momento de iluminación he tenido la genial idea de salir a correr. ¡Sí, a correr! ¡Sí, yo! Necesitaba un poco de aire y apartar los ojos del ordenador un rato, así que dicho y hecho, tal cual estoy me planto unas deportivas y salgo a la carrera.

Todo iba bien, cansada y eso, pero bien dento de lo bien que se puede estar cuando una sale a correr. Y de repente se me acerca una furgoneta de policía y me dicen algo en esloveno. Yo aún en estado de shock, digo mi frase estrella: Oprosti, govorim anglesko. Entonces la señorita policía me dice en muy correcto inglés que me pare un momento. Mierda, esto en España nunca habría pasado, qué manía tienen la policía de esta zona con aprender idimas. 

Yo sigo sin entender nada... ¿Que me pare? ¿Por qué? ¡Si ya no llevo rastas! Evalúo mi aspecto demacrado de día de lluvia sin salir de casa y me digo que igual se piensan que voy a pillar drojas. Factible, pero tendrá fácil solución. Respiro un poco más tranquila, yo no he hecho nada. Hablan muy rápido y dicen cosas en esloveno que yo no entiendo. Mientras mi cerebro bulle pensamientos la señorita policía vuelve a la carga y me pregunta que si sé por qué estoy ahí. Yo aún descolocada le digo que no, que la verdad que no tengo ni idea. Here it comes. He cruzado un semáforo en rojo. La multa son 80 euros, 40 si pago en menos de 16 días. Mi cara debe de ser un poema, porque el señorito policía me mira y sonríe con compasión.

Me piden el DNI, y yo no lo llevo. Le digo que me mire, que he salido a correr y no llevo nada de nada encima, estoy a punto de decirle que por no llevar no llevo ni sujetador, pero me muerdo la lengua porque parece que ese dato no me va a ser de mucha ayuda. Al final me decido por enseñarle la llave de casa que llevo suelta en la mano, como la única pertenencia que había sobre mi ser en ese instante. Me dicen que sin identificación no puedo ir, que espere un momento y que me van a tomar los datos. Maravilloso, fichada por la policía eslovena. Vuelven a hablar muy rápido y yo sigo sin entender nada. Especifico lo de que hablan muy rápido, porque obviamente si hubieran hablado despacio me habría enterado mucho más, claro.

Empieza a pedirme mis datos personales. Yo, ciudadana obediente, se los doy. Los problemas llegan cuando me pide la dirección. Tomo aire, me concentro fuerte y empiezo: Ulica. Bien, hasta aquí todo correcto, he sido capaz de decir calle. Me dispongo a continuar B o r c e v.  Y ahí ya la señorita policía se viene arriba con su esloveno y pronuncia de carrerilla y sin respiración UlicaBorcevZaSevernoMejo.  Yo asiento y sonrío, agradecida de que me haya ahorrado el trago, pero pensando en lo hijadeputa que está siendo. Es igual, yo sonrío mucho y le doy las gracias, a ver si me perdona.

Vuelven a hablar en esloveno. Me preguntan que hasta cuando me quedo y le digo que me marcho en menos de tres semanas. Vuelven a hablar en esloveno. Mientras tanto en mi cabeza sólo pienso que en tan poco tiempo no va a pasar nada por no pagar la multa, ahora sólo queda lo de ir sin identificación, así que vuelvo a sonreir, por si ayuda. Me preguntan que si informé de mi entrada al país. Yo pienso en las elecciones de mañana, lo facilísimo que fue pedir el voto y la implicación que eso tuvo en darme de alta como residente temporal. Maravilloso. Le digo a la señorita policía que sí, que estoy dada de alta en la embajada. Llaman por teléfono, vuelven a hablar en esloveno. Cuelgan. Hablan muy rápido otra vez. Yo sigo sonríendo como una idiota, a ver si se compadecen; y sí. Me dicen que por esta vez me dejan marchar, pero que no vuelva a cruzar en rojo y que lleve siempre el DNI encima. Yo, que a veces soy gilipollas, les doy las gracias. ¿Las gracias por qué? Bueno, ye lo mesmo, se las doy y vuelvo a sonreir. Y sigo con mi carrera y pienso que debían de tener prisa para marcharse a casa y ponerse a ver Eurovisión, que Eslovenia salía la primera y no se lo podían perder.

ACAB, aunque a veces acaben teniendo un poquito de corazón compasivo.

domingo, 18 de enero de 2015

ñé.

En esta mañana de improductividad dominical he tenido la genial idea de recaer en los test de Buzzfeed. He descubierto que si fuera un producto de Ikea sería las albóndigas, que el personaje de Lizzie McGuire al que más me parezco es Kate, que sé (al menos) las mismas matemáticas que el alumnado de primaria, que no superaría el test de ciudadanía canadiense, que si intento medir cómo de Andy Dwyer soy, me sale Burt Macklin y lo que es más importante NO soy un queso.

NO SOY UN QUESO.

Mi vida ahora tiene un poco menos de sentido.

sábado, 10 de enero de 2015

Bailad marionetas.

Tomar aire y coger fuerzas para cortar esos hilos que nos manejan, que nos mueven hacia adelante de forma imperceptible. Esas delgadas cuerdas que nos manipulan para hacernos avanzar, sin rumbo, sin destino, simplemete continuar. Recto. Sin mirar el camino. Avanzar a  ciegas para alcanzar la meta. Su meta.

Levantar la cabeza y ser conscientes por un momento de que son hilos y no barras, y esos hilos nos ofrecen un ínfimo margen de libertad.