viernes, 27 de noviembre de 2015

Sinestesias sin anestesia.

Intento mirar por la ventana y sólo veo el sabor amargo del invierno a través del cristal. Huelo el frío que se respira en la calle; escucho el repiqueteo de mi reflejo y noto el regusto agridulce de las tenues voces que se oyen a lo lejos. Un escalofrío con olor a lumbre me recorre de arriba abajo. Una enfermiza sinestesia me posee hasta hacerme gritar en silencio, para que solamente puedan verlo quienes pretenden esnifar el sabor de la melancolía. Y mientras tanto tú, desde la distancia, murmuras dulces palabras que consiguen calmar el desequilibrio producido por la heladora imagen de llegar a olvidar tu olor.



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