domingo, 4 de marzo de 2012

Tarde de domingo rara.

Nunca me ha gustado Amaral, pero bueno, supongo que no me puedo resistir a poner esta canción como música de fondo para este post.

Antes odiaba los domingos, especialmente los domingos por la tarde. Nunca he sido de dejar los deberes para el último momento, así que ése no era el motivo. Era más bien la sensación de depresión que te produce ver que se acaba la libertad y que cada vez queda menos para volver a la rutina. Ahora los domingos por la tarde ya entran dentro de la rutina, no de la rutina escolar, sino de la rutina familiar que es 100000 veces mejor. Ya es tradición para mí pasar la tarde del domingo merendando (merendando por la hora, pero en cuanto a cantidad, tendría que decir cenando) en casa de los yayos y en compañía de las primas. Así no puedo quejarme!. Además el rato previo a la rutina pasa a ser el domingo por la mañana, y como casi siempre lo malgasto durmiendo, no me tengo que preocupar...

Hasta aquí todo es perfecto. Sólo falta el detalle de que el domingo es también el día de las tareas domésticas de Inés. OH SHIT! Con lo que a mí me gusta pasar el aspirador! Y quitar el polvo! Y tender! Y hacer los baños! Menos mal que planchar, plancho del ciento al viento, pero ese domingo, sí que sí, es domingo de depresión (nivel: si mi casa fuera un puente, yo saltaba al río).

PD: No sé porqué escribo esta entrada una semana en la que mi finde empezó el martes por la tarde y terminará el martes siguiente por la mañana. Ironías de la vida, ya ve usted!


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