miércoles, 22 de agosto de 2012

Ville-lumière. Ville de l'amour.

París tiene magia. Enamora. Hace que mires cada rincón como si fuera el más bonito de la Tierra, que sientas que es imposible estar en un lugar más maravilloso que el que tienes delante. Y no contenta con éso, la ciudad tiene su historia, sus anécdotas, sus apariciones estelares en películas de cine. Acabo de marcharme y ya tengo ganas de volver, pero esta vez con más calma. Dejar de ser una turista para convertirme en una parisina más, aunque tal vez de ese modo perdiera parte del encanto, del sentir que todas las esquinas son especiales y dejara de ser esa niña ilusionada y embelesada por cada nuevo descubrimiento que he sido en los últimos cuatro días. No lo sé, lo que tengo claro es que se ha ganado a pulso el puesto de mi ciudad favorita y que volveré para quedarme, no para siempre, pero sí una temporada.

Empezamos el viaje con buen pie, con una metedura de pata de esas tan habituales en nosotras: habíamos quedado una hora más tarde del embarque del avión. Menos mal que a veces soplan ráfagas de cierzo fuerte que nos traen un poquito de lucidez y nos dimos cuenta a tiempo. Volamos con Ryanair, así que el viaje fue movidito; que si cómpranos comida, que si unos cuponcitos de rasca y gana, que si el cigarrillo electrónico para aguantar el monarro en un viaje tan largo como éste, que si las colonias sin impuestos y nosotras a todo que no, haciéndonos las duras y aparentando no pertenecer a este mundo de consumismo compulsivo. He de añadir como detalle importante que yo empecé el viaje con peor pie todavía, porque me había olvidado mi gorrito y mis gafas de sol y estaba muy triste porque mis amigas sí que lo tenían (aunque debo decir que al final no les hizo mucha falta -JÁAA-)



Una vez llegadas a destino cogimos nuestro primer metro, la línea 1 de punta a punta de la ciudad, viajecito bueno, bueno, para empezar a acostumbrarnos a nuestro medio de transporte habitual.



Llegamos a nuestra parada y no tenemos muy claro que salida debemos coger, así que decidimos determinar un criterio estándar que se aplicaría a partir de ese momento en todas las situaciones similares: en caso de duda se elige la salida con escaleras mecánicas. Y punto. Después de dar unas pocas de vueltas logramos desembarcar en el hotel. Pequeñito, pero muy cuqui. No, no me he vuelto ñoña por mucho que haya estado en la ciudad del amor y no digo cuqui, bueno, sólo a veces, pero poco, y en contra de mi voluntad. En fin.






Salimos a dar una vuelta por el barrio, investigar un poco la zona y quedarnos tranquilas al saber que no era un Ghetto gangsta. Para que no echáramos demasiado de menos nuestra Zaragoza natal, nos hicieron, de propio a nosotras, unas obras de tranvía delante de nuestra casa (detalle a tenerle en cuenta al Ayuntamiento de París, pero de verdad que no hacía falta...) El primer paseo nocturno fue un poco "reconocimiento del terreno" y nos sirvió más que nada para descubrir que los semáforos para coches escasean en los pasos de peatones, y que para poder cruzar sin que te atropellen hay que bailar dándolo todo, y así creas una burbuja gigante de energías positivas a tu alrededor y repeles a los coches que quieran ir a por ti, muy tecnológico todo lo de estos franceses. Y hablando de sus tecnologías, pero de las de verdad, tienen unos coches eléctricos públicos, en plan bizizaragoza, pero que molan que te cagas en las bragas.



Llegamos con ésto al primer día de verdad ¡EL PRIMER DÍA EN PARÍS! ¡QUÉ EMOCIÓN! Fuimos directas en nuestra amada línea 1 del metro y nos volvimos a equivocar de salida (vaya, parece que el criterio estándar no funciona demasiado bien, pero somos cabezotas y nos negamos a cambiarlo) Además así descubrimos la fuente de los Inocentes :)



(Creo que se llama así, porque yo la bauticé como los Miserables y los Inválidos o cualquier otra adjetivo despectivo que suene medio francés) Al final, logramos poner el rumbo correcto a Saint Michael, para empezar un tour turístico de cuatro horas con "los guías más carismáticos y divertidos de todo París". Vimos todos los sitios bonicos del centro y nos enteramos de su historia gracias a Emmanuel, aunque si hay que elegir sólo uno, yo me quedo con la plaza de la Concordia, lugar de residencia de la Guillotina durante la Revolución. Ojalá una pronto en Sol. O en el Pilar. Lo importante aquí es lo de PRONTO.







Como era nuestro primer día y estábamos pletóricas-retóricas-eufóricas y lo que es más importante, aún no especialmente cansadas decidimos planear una tarde-noche de no parar: Louvre+Torre Eiffel+Barco por el Sena. Lo del Louvre es más bien por aparentar, o por la pirámide de la entrada, vaya usted a saber. El caso es que entramos por la pirámide invertida, esa que esconde el Santo Grial, vimos la Mona Lisa y los cuatro cuadros que nos pillaron de paso y nos salimos para fuera. Todas unas apasionadas del arte, como se puede observar. Eso sí, unas fotos bien bonicas con el museo de fondo y la certeza de haber visto con nuestros propios ojos como la Gioconda te sigue con la mirada.





Nos acercamos al momento más destacable del viaje. Esta vez no cogimos la línea 1 para ir a la Tour Eiffel, no, cogimos un cercanías y conocimos a un hombre con una mascota, digamos, peculiar. Vamos, que llevaba una rata de cloaca atada con un arnés en el hombro. Y nosotras ahí muertas del asco y temiendo por nuestra seguridad por si se sentaba a nuestro lado, pero no. Al final la vimos de lejos y gracias.




La Torre, o ese poste de electricidad famoso en el mundo entero, está bien, topicazo, de turista, pero como que hace ilusión. Y subimos andando, eh. Para hacer gemelo y mantener la operación post-bikini, que no se diga de nosotras...




Esta foto es bien maja, ¿verdad? Pues nos la hicieron unos señores peperos, a los que les dijimos éso a la cara y no les sentó mal, así que yo ya no sé si es que no lo oyeron o que estaban orgullosos de lo que representa... Supongo que más bien lo primero!



Y llegó la hora de bajar... Nosotras pensábamos que el último barquito de esos que van por el Sena salía a las 22.30h y eran ya las 22.00h así que decidimos bajar con la pachorra, sin estresarnos y a la marcheta, que total si lo perdíamos sólo había que volver de propio al día siguiente. Acabamos llegando abajo a las 23.00h, pero los astros se habían alineado a nuestro favor y aún quedaba un último barquito para nosotras. Una pena que nos quedásemos sin batería en la cámara y no lo pueda documentar pictográficamente...

Nos dirigimos todo convencidas a coger un metro de regreso a nuestro hotel, y por una de esas casualidades de la vida, entramos en la estación en el sentido contrario al previsto, que resulta que nos viene 10000 veces mejor y que si no nos llegamos a equivocar nos quedamos tiradas en mitad de París sin medios para volver, porque eran ya las 00.30h y el metro cierra a la 1 ¡Oh shit! Sé que os abría encantado que nos pasara porque sería una historia mucho más divertida que contar, pero yo me alegro de nuestra torpeza y de seguir vivas gracias a ella.Esta ve el viaje fue sin más, ni señores con ratas ni ná de ná para amenizarnos, prffffff.

Y al llegar al hotel un chute de wifi, que estaríamos lo reventadas que estaríamos, pero el poder conectar con la sociedad no se perdona. Eso, y el twittear nuestro día para dar envidia a los zaragozanos!

Empieza nuestro segundo día parisino, con las pilas de la cámara tope y un poco más de calma... paseito por la île de la cité, con visita a Notre Dame y al puente del arzobispo. Cruzamos al barrio Latino para ver sus miles de librerías, la Sorbona (ooooh mi futura universidad...) y el panteón con la tumba de nuestro amado Victor Hugo.







Comida en los jardines de Luxemburgo, al lado de un lago con barquitos y visita al senado francés. A pesar de nuestro gran plan de llevarnos a cualquier político porque sí o sí iba a ser mejor que los españoles, con los del Senado pasamos, que para no hacer nada valen todos...




Por la tarde excursión hasta Montmartre, ese barrio bohemio y con encanto en el que vivieron los artistas de la Belle époque... Y por otro lado, barrio de amélie <3 y del Moulin rouge...







Y acabamos la visita al barrio con una conversación gratuita con Enriqrue, que claro, una conversación será una conversación, pero es que ésta era ¡GRATUITA! y así cómo la íbamos a rechazar...

Empezamos el tercer día en la ciudad de la luz yendo al Trocadero, y haciendo sesión de fotos de la Torre Eiffel, con planking incluido.






Una vez nuestra faceta de modelos ha dado resultados positivos, ponemos rumbo al Arco del Triunfo, que anda que no es difícil llegar hasta él, porque está en medio de una plaza enormísima en la que confluyen miles de avenidas enormísimas y hay que encontrar un paso subterráneo que nadie sabe donde está, pero como somos muy pitas, después de media hora lo conseguimos y ¡ale! a subir andando otra vez, si es que volvimos con unos culazos que daban envidia...



Hoy toca comida en el barrio de la Ópera, que dicho así suena muy espectacular, pero en realidad fue en un McDonalds, eso sí, uno bien bonico. Luego nos fuimos de rebajas por las Galerías Lafayette y arrasamos con tó, bueno no, que se nos salía un pelín del presupuesto, pero vamos, que por poco... y acabamos en el Eliseo, aquí sí que sí nos queríamos traer a Hollande, pero había unos señores guardias que no nos dejaron pasar...




Y por fin volvemos a Montmartre, aunque esta vez de noche, y con intención de salir de fiesta a darlo tóh, tóh y tóh. Empezamos a lo cani, cerveceando en un parque y jugandonos el tipo porque las multas por beber en la calle eran desorbitadas, y acabamos a lo yonki total, bebiendo en el baño de una discoteca. pero fue una buena noche, sin duda, la noche de París merece la pena <3





Y así concluye nuestra estancia en la ciudad del amor... El día siguiente fue tranquilito un paseo por Le Marais y visita al Pompidou. Semejantes expertas en arte no podían faltar a esa cita... Eso sí, sólo a la parte que llegan las escaleras mecánicas, que lo de subir andando para la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo, bien, pero por unos cuadros, pchéee. Vimos la seta gigante, que es lo que importa.




Y así finalizan nuestros cuatro días en la capital francesa, una lástima todas las fotos perdidas, y una lástima también todas las cosas que me dejo de contar, ya sea por olvido o por pereza, pero estoy acabando de escribir la entrada ahora mismito, cuando hace un mes justo desde que volvimos, y quieras que no, los recuerdos se enfrían.

París, espérame, que prometo no tardar demasiado en volver. <3







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