viernes, 11 de enero de 2013

Mis ternascos

Hoy escribo estas lineas con lágrimas en los ojos. Hoy cierro un periodo fantástico para comenzar otro que no lo será tanto. Hoy me despido con una sonrisa enorme por todo lo feliz que he sido, por todos los momentos que han entrado a formar parte de mi corazón. Hoy digo adiós a los 23 ternascos que me han alegrado estas 3 semanas en el lugar mas maravilloso del planeta. 


Y es que un colegio es un lugar mágico; es una caja llena de sonrisas, ilusiones y sueños; es un contenedor de ideas; es un mundo plagado de dibujos de colores; es la suma de los cientos de pequeñas cabecitas rubias que llenan sus calles; es una sorpresa detrás de otra, es un avanzar continuo en la vida, es una marea de sabiduria, es un juego del que todos somos participes, queramos o no; es una partitura repleta de notas mágicas, que suenan cuando las profesoras tocan sus instrumentos. En definitiva, un colegio es un proyecto del que todos los que pasamos por allí formamos parte, queramos o no.




Acabo con algunas de sus frases célebres. Pequeños genios inocentes.


"No encuentro la pintura renata. Es como de un color entre rojo y morado" Noa, 5 años y fan numero 1 de las Monster High.

"Una vez fui a un restaurante chino y comí croquetas de verano" Zaira, 5 años y futura mujer de Justin Bieber.

"Pero que era gromiiiiiiiiii" Aaron, 5 años y mejor dibujante del planeta.

"Martín es mi novio, pero él aún no lo sabe". Natalia, 6 años y Celestina oficial.

-¿Quién me sabe decir un nombre de chica muy cortito y que empieza por la A?
-¡¡¡¡¡¡¡AVIÓN!!!!!!!!! Javier, 5 años y futbolista profesional.

"Inés está aprendiendo a ser una señorita". Carla, 5 años y mejor abrazadora del mundo.

"En el mundo manda Dios, pero en la clase manda Isabel". Marcos, 5 años y ateo confirmado.





Magos del sueño
A mis treinta y seis párvulos veintitrés ternascos
 José Tuvilla

Hijos de mis horas, retoños, aprendices de hombre;
amanece mi alma con vuestras risas locas.
Inocentes luciérnagas deletreando sílabas,
inventores de la imagen, magos del sueño.

Vuestras miradas forjan una primavera blanca
en mi corazón de sombra, en mis ojos tristes
derrotados por un vendaval de perfiles batientes,
por la ancestral noche del escalofrío fulminante.

Sois embriones de la esperanza, de la luz cierta.
Lleváis en vuestras voces la alegría del olivo,
el asombro del capullo, el ritmo de las mariposas;
mendigo soy de vuestra esperanza encarnecida.

Alargáis vuestras frágiles manos hasta mi noche,
me acariciáis la sonrisa olvidada, la ternura
sin oficio. Y con vosotros dejo de ser esta nada
para ser ángel azul con vuestra dicha.

Los guiñoles saltan, dicen del sol y de la trilla,
del sudor diluviano de vuestros padres, del odio
de los hombres, del terror de los fusiles,
del lamento herrumbroso de los planetas.

Regresáis a vuestras casas y quedo con mi soledad,
con la horrible bofetada de la soledad otra vez,
con una mueca de desesperanza como si fuera
el horrible bosquejo de un hombre en su tragedia.

Duendecillos del aula, tropel de alondras, cuerpos
alados de mimbre, abejas de mis tuétanos;
Mayo se hace dulce con vuestros juegos,
con vuestras canciones que son pájaros de sangre.

Sabéis del lenguaje puro de las montañas,
enseñádmelo. Sólo sé de cifras, de llanto.
Soy un manojo de amargura, de silencio,
de raíz de golpes, de sed gota a gota sacudida.








Muchos besos con sabor a cookies de chocolate para mis 23 renacuajos favoritos.

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