Rubia platino.Vaqueros rotos. Hombro al aire. Ojeras de panda. Rimmel en las pestañas. Mejillas rosadas. Mirada distraída. Temblor en la voz.
-Un café doble. Solo. Sin azúcar. Por favor.
-Marchando.
Te he echado de menos, llevabas tiempo sin venir por aquí.
-Quizás es que la vida estuvo sonriéndome más de lo que merecía.
-¿Puedo sentarme?
-Claro.
- ¿Sólo vienes a verme cuando las cosas van mal?
-No es eso...
-A mí me lo parece.
Ese café es demasiado amargo, mejor te invito a una cerveza y planeamos juntos un futuro de cambios.
-No me gusta la cerveza, es una bebida sin corazón, no huele a nada. En cambio este café desprende el aroma de mi alma, sus posos tienen sentimientos, es capaz de ponerse en mi lugar.
-Eso es porque no has compartido una conmigo. Cerveza cargada de revolución, de optimismo, de lucha, de amistad, de solidaridad, de emoción, de complicidad.
-Brindemos.
Dos extraños que se funden en uno. Dos enamorados que tan apenas se conocen.

Prometo que el café o la cerveza a la que te invite tendrá un corazón enorme, además de aroma, sentimientos, optimismo, comprensión, lucha, emoción, complicidad, solidaridad y revolución. Aunque también puedes bebértelos y dejarme ofrecerte lo mismo. Quizá no lo haga igual de bien, pero siempre puedes pedir otro café.
ResponderEliminar(Dile a la chiquilla rubia de ojeras de panda que la vida nunca sonríe de más, seguro que se merecía todo lo bueno que hubiera pasado y todo lo bueno que le vaya a pasar tras ese brindis)