jueves, 7 de febrero de 2013

Minichute de ego en vena.

Envidio a las personas que tienen una gran pasión. A veces me gustaría amar algo de verdad, lo que fuera, tener una afición que me llene, a la que dedicar mi tiempo, con la que abstraerme del mundo. Pero no. Yo no soy así, ni sería capaz, gracias a ese pequeño trastorno obsesivo-compulsivo que habita en mi interior. A mí lo que se me da bien es dedicarme a todo y a nada, hoy aquí y mañana allí, así y asá. Y para llegar a esa conclusión he tenido que enfrentarme a las dos semanas de exámenes con más tiempo libre de mi vida. Pero al final estoy contenta, en la variedad está el gusto.

He descubierto que me gusta la papiroflexia, aunque ella no quiera ser mi amiga. La pintura tampoco está por la labor, pero yo, cabezota que soy, me empeño en aliarme con ella. Luego están las manualidades y el nailart, que eso sí que son casos perdidos, pero a mí me da bastante igual. He organizado viajes, que en verdad lo que a mí me gusta es viajar, pero claro, entre examen y examen no da tiempo de ná. He vuelto a escribir. Y a leer. He redecorado mi habitación. He creado un blog nuevo. Lo he abandonado. He visto dos series enteras y alguna que otra película. He bajado música nueva y la he escuchado una y otra vez. He arreglado el ordenador. He hecho pulseras. He decidido mi peinado para el paso de Ecuador (con las consecuentes pruebas previas). He hecho galletas. He visto fotos viejas. He visto miles y miles de tutoriales de Youtube que no voy a usar jamás. He leído el periódico todos los días. He pensado y hablado conmigo misma (esto último, quizá más de lo que debería). Y entre esto y aquello, he mirado mis apuntes, luego ya veremos, pero de momento me he dado cuenta de que soy demasiado multiaficional, y en el fondo soy feliz así.


1 comentario:

  1. A veces con pequeñas pasiones se consiguen grandes cosas.
    Ser multiaficional mola y te da muchas cosas con las que perder el tiempo cuando estás de exámenes :)
    Muak

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